Débora Moghilevsky
Centro Zerka Moreno

El Psicodrama, Divino Tesoro

A lo largo de nuestra historia, la de cada uno de nosotros, la de nuestras familias, la de la sociedad humana, muchas son las cosas que ocurrieron, muchas son las historias que se cuentan. Algunas parecen olvidadas, y sin embargo, nos encontramos con que una y otra vez tropezamos con ellas en el camino. Esto nos lo cuentan todos aquellos síntomas físicos o psíquicos que enmascaran lo no resuelto en nuestra historia personal, o en lo que llamamos “síndrome aniversario” en lo que respecta a lo familiar, o en síntomas sociales como el hambre, la discriminación, la injusticia, la esclavitud, el autoritarismo, las epidemias y, hoy, la pandemia. Cómo saber entonces cuándo, cómo, dónde, con quiénes y por qué se suscitaron aquellas historias dolorosas, traumáticas, no resueltas, que se transformaron en semillas y como tales cumplen con su función a través de su ciclo vital, ¿cómo evidenciar aquella memoria que sigilosamente guardan en sus genes?.

Es aquí donde nace la psicología intentando múltiples respuestas de la mano de diferentes teorías que, muchas veces, da la sensación de que, más que resolver, siguen agregando velos a esa verdad fundamental encerrada en aquellas historias de origen. De entre todas ellas se destaca el Psicodrama, una teoría, un modelo que emerge en la primera mitad del siglo veinte, que nos propone ir en busca del origen, “el locus nascendi” , el lugar de los acontecimientos fundantes. Es este espacio/tiempo original, la matriz, universo de acciones e interacciones fundamentales y constitutivas donde se generan todos nuestros roles, donde lo vital, lo esencial, contó con la oportunidad de ser, es allí donde podemos reconocernos en la espontaneidad y creatividad “Divina” de la que nos habla Jacobo Levy Moreno, su creador, quién nos propone, a partir del “como si” psicodramático, la posibilidad de mirar más allá, de develar todo lo que sea necesario para llegar a esa instancia original y fundante, para luego ser capaces de concretar nuestro anhelo más profundo, el de ser quienes deseamos ser.

En cada individuo humano, en cada acto, en cada vínculo, en cada instante, coexisten y se coimplican todas las matrices, la cósmica, la genético-biológica, la materna, la de identidad, la familiar y la social, todas poderosamente relacionadas y conectadas entre sí. Es a partir de esta cosmovisión, que el individuo organiza coherentemente su propia vida y su propia muerte, situando el encuentro tanto en el comienzo como en el final de los tiempos, siendo el desarrollo individual no más que una parte, ínfima pero fundamental, de una gran “evolución en curso”. Para trabajar específicamente en cada uno de estos universos de acciones e interacciones fundamentales y constitutivas, Moreno nos propone distintas técnicas, las que cada uno de nosotros, como terapeutas, vamos adquiriendo y desarrollando en la medida en que nos introducimos en este nuevo mundo, en esta nueva concepción que nos propone el Psicodrama, donde se nos invita a ir hacia una búsqueda y ampliación constante de nuestra creatividad y espontaneidad.

Fue justamente en esta búsqueda que me fui cruzando con una cuestión que considero esencial y que podría sintetizar en la siguiente pregunta: ¿qué es específicamente la Matriz Cósmica, cuáles serían los roles específicos que emergen y qué técnicas se podrían implementar para poder trabajar en y con ella?. De la mano de esta pregunta, con la guía de mi maestra, la Doctora Mónica Zuretti, discípula de J. L. Moreno, atravesé un largo camino plagado de escenas, historias que se fueron plasmando una a una en el escenario de psicodrama, y en el que otros maestros (cómo olvidar a Zerka Moreno, y en otro momento a Shirley Barcklay), fueron enriqueciendo mi posibilidad de ir más allá, entregándome las herramientas necesarias para intentar develar “el secreto encriptado en un jeroglífico bien resguardado en el alma de aquella pirámide en la que, en un “como si” tan real como suelen serlo en medio de un psicodrama, entré esa vez que quise ir en busca del origen de mi nombre y que al salir me esperaba una sacerdotisa en cuyo manto se hallaba desplegado un mazo de cartas de Tarot”.

Muchos hechos se sucedieron luego de aquel psicodrama, pero, resguardada en el modelo y bajo la guía de mis maestros, me atreví a ir más allá. Entendí al Psicodrama como una filosofía de vida que recorrí atravesada por todas las matrices sabiendo que, por un instante, con ayuda del yo observador que nos propone el rol de director, podría visualizar en el como si psicodramático, algunas pistas que me guiaran hacia aquello que estaba buscando. Fueron aquellas pistas las que nos decidieron a radicarnos con mi familia a San Miguel del Monte, una pequeña ciudad ubicada a 100 kilómetros de Buenos Aires, donde nos instalamos en una chacra para poder entender todo aquello de lo que hablaba Shirley cuando se refería a la relación profunda entre el Psicodrama y el Shamanismo. Allí, en la tierra, diseñamos un Mandala donde muchos jóvenes vinieron a hacer psicodrama, en particular luego de un accidente en la ruta donde fallecieron seis adolescentes. Ellos aprendieron conmigo a ser parte de un grupo terapéutico y a compartir el secreto profesional. También la comunidad de la Escuela N°1, en la que el 78% de los chicos está en situación riesgo, abrió las puertas del aula para que juntos, a través del psicodrama, fuéramos capaces de buscar una nueva alternativa, un nuevo camino, para “todo aquello a lo que, hasta ese momento, ellos creían que habían estado predestinados”.

En medio de este ir y venir de escenas, protagonistas y vivencias, una de las herramientas que utilicé con excelentes resultados, fueron la Cartas del Tarot, que había adquirido después de la dramatización de la pirámide, las que apliqué como láminas proyectivas, desplegadas en un círculo de doce sectores. Fueron muchas las historias encontradas a través de ellas, y cada escena que surgía parecía abrir una nueva puerta generando nuevos interrogantes que me llevaban a buscar otras herramientas que ponía en juego en distintos psicodramas intentando posibles respuestas. Finalmente, la combinación del tarot como método proyectivo con mapas iridiológicos, mapas astrales, la idea de mandala, relacionado con diferentes conceptos que nos aporta la física cuántica, la teoría del caos y la geometría fractal, me condujo a lo que creo que devela “el secreto de la pirámide”, el que define la matriz cósmica como el locus nascendi fundante, tal como lo definía Moreno, ya que sería en este lugar espacio/temporal donde se genera la memoria con estructura y dinámica fractal.