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El Psicodrama como patrimonio de la humanidad

A lo largo de la historia de cada uno de nosotros, de nuestras familias, de la humanidad, muchas son las cosas que ocurrieron, muchas son las historias que se cuentan, algunas de ellas las creemos olvidadas, sin embargo pareciera que una y otra vez nos tropezamos con ellas en el camino. Nos lo cuentan todos aquellos síntomas físicos o psíquicos que enmascaran aquello no resuelto en mi historia personal, en el síndrome aniversario en lo que respecta a lo familiar y el hambre, la discriminación, la injusticia, la esclavitud, el autoritarismo, las epidemias y hoy la pandemia cuando nos referimos a lo social. Pero como saber cuando, como, donde, con quienes y por qué se suscitaron aquellas historias dolorosas, no resueltas, que se transformaron en semillas y como tales cumplen con su función, a través de su ciclo vital, evidenciar aquella memoria que sigilosamente guardan en sus genes. Y es aquí donde nace la psicología intentando múltiples respuestas de la mano de diferentes teorías que pareciera que más que resolver siguen agregando velos a esa verdad fundamental encerrada en aquellas historias de origen.

Sin embargo, hay una teoría, un modelo, que emerge a comienzos del siglo veinte que nos propone ir en busca de lo tan anhelado, del locus nascendi , aquel espacio/tiempo original donde lo vital, lo esencial, contó con la oportunidad de ser, es allí donde podemos reconocernos en la espontaneidad y creatividad divina de la que nos habla Jacobo Levy moreno, el creador del Psicodrama quién nos propone a partir del Como si psicodramático ser capaces de mirar más allá, develando todo lo que sea necesario para llegar a esa instancia original y fúndante para luego ser capaces de concretar nuestro anhelo más profundo, ser quienes deseamos ser.

Reconozco en esta propuesta un desafío, al cual decidí hacerle frente hace ya 23 años.

Comencé mi formación como psicodramatista con la Doctora Mónica Zuretti, discípula de J.L. Moreno quién como una gran maestra de vida fue mi guía a través de en un largo camino plagado de incertidumbres, las que se plasmaban una a una en el escenario de psicodrama, donde otros maestros, Zerka Moreno y Shirley Barcklay, fueron enriqueciendo mi posibilidad de ir más allá, entregándome las herramientas necesarias para poder develar un secreto que encerraba un jeroglífico resguardado en el alma de aquella pirámide en la que entré esa vez cuando quise ir en busca del origen de mi nombre y que al salir había una sacerdotisa con un manto en el que se hallaba desplegado un mazo de cartas de Tarot.

Fueron muchas las cosas que se sucedieron, pero resguardada en el modelo que propone el psicodrama y bajo la guía de mis maestros, me atreví a ir más allá, entendí al modelo como una filosofía de vida y caminé a través de ella atravesada por todas las matrices sabiendo que por un instante con ayuda del yo observador que nos propone el rol de director podía visualizar en el como si psicodramático algunas pistas que me guiaban hacia aquello que estaba buscando. Fueron aquellas pistas las que me decidieron a ir con mi familia a San Miguel del monte, una pequeña ciudad a 100 km de Bs As, donde me instalé en una chacra para poder entender todo aquello de lo que hablaba Shirley cuando se refería a la relación profunda entre el psicodrama y el Shamanismo, allí diseñamos en la tierra, junto a mi familia, un Mandala donde muchos jóvenes vinieron a hacer psicodrama luego de un accidente en el pueblo donde fallecieron seis de ellos. fue en esta comunidad donde aprendí a ser una terapeuta de grupo siendo parte de ella y no como un fantasma que guarda el secreto de cada uno de los miembros y se lo lleva donde nadie lo pueda descubrir. Ellos aprendieron conmigo a ser parte de un grupo terapéutico y compartir el secreto profesional. Fue la comunidad de la escuela n°1 donde el 78% de la comunidad está en riesgo, que abrió sus puertas para que juntos fuéramos capaces de buscar una nueva alternativa para todo aquello que ellos entendían que estaban predestinados.

Y en medio de este ir y venir de escenas, protagonistas, vivencias, una de las herramientas que utilicé variadas veces fueron la Cartas de Tarot, que compré después de aquella dramatización de la pirámide. Las utilicé como método proyectivo, desplegadas en un círculo de doce sectores. Fueron muchas las historias desplegadas a través de ellas, cada historia parecía decirme algo acerca de cómo estructuramos la memoria.

Lic. Débora Penna
Investigadora